<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><?xml-stylesheet type='text/xsl' href='http://pachin11.spaces.live.com/mmm2008-07-24_12.50/rsspretty.aspx?rssquery=en-US;http%3a%2f%2fpachin11.spaces.live.com%2ffeed.rss' version='1.0'?><rss version="2.0" xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/" xmlns:msn="http://schemas.microsoft.com/msn/spaces/2005/rss" xmlns:live="http://schemas.microsoft.com/live/spaces/2006/rss" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:cf="http://www.microsoft.com/schemas/rss/core/2005" xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"><channel><title>LOS OTROS</title><description>Recuerdo que cierta vez un viejo obispo danés me dijo que hay muchos caminos para llegar a la verdad, y que el borgoña es uno de ellos. Karen Blixen</description><link>http://pachin11.spaces.live.com/</link><language>en-US</language><pubDate>Sun, 24 Aug 2008 17:48:20 GMT</pubDate><lastBuildDate>Sun, 24 Aug 2008 17:48:20 GMT</lastBuildDate><generator>Microsoft Spaces v1.1</generator><docs>http://www.rssboard.org/rss-specification</docs><ttl>60</ttl><live:identity><live:id>-598510411960762317</live:id><live:alias>pachin11</live:alias></live:identity><image><title>LOS OTROS</title><url>http://blufiles.storage.live.com/y1pntgpgpxqqqeOWNnZ61j3fekF0-X2j1KbUsOT-TVmwYbWdcfrjVUl0upFvJGXXc5w</url><link>http://pachin11.spaces.live.com/</link></image><cf:listinfo><cf:group ns="http://schemas.microsoft.com/live/spaces/2006/rss" element="typelabel" label="Type" /><cf:group ns="http://schemas.microsoft.com/live/spaces/2006/rss" element="tag" label="Tag" /><cf:group element="category" label="Category" /><cf:sort element="pubDate" label="Date" data-type="date" default="true" /><cf:sort element="title" label="Title" data-type="string" /><cf:sort ns="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/" element="comments" label="Comments" data-type="number" /></cf:listinfo><item><title>Entrevista al filósofo Michael Onfray (fragmento)</title><link>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3496.entry</link><description>&lt;div&gt;&lt;span lang=ES-MODERN&gt;&lt;font size=4&gt;
&lt;p&gt;Comentarios introductorios por Ferney Rodríguez 
&lt;p&gt;Entrevista de &lt;b&gt;Luisa Corradini&lt;/b&gt; 
&lt;p&gt;Diferentes caminos han llevado a cientos de hombres y mujeres inteligentes por la opción no-religiosa. Grandes personajes fueron agnósticos como Thomas Henry Huxley, Charles Darwin, y Stephen Jay Gould, o Ateos como Richard Dawkins, Carl Sagan, Steven Pinker. Un estudio llevado a cabo por Larson y Whitam en 1998 reveló que el 93% de los científicos más eminentes de los EEUU no creían en un Dios personal, y este resultado es muy similar en los científicos del Reino Unido, según otra investigación. A pesar de lo anterior en la mente de la mayoría de las gentes el adjetivo de ateo es relacionado negativamente.
&lt;p&gt;Tras la publicación en 2007 de un artículo en el diario colombiano El Tiempo sobre la comunidad no creyente de Colombia (agrupada principalmente en el foro de Escépticos Colombia), se preguntó a los religiosos su opinión sobre este sector de la sociedad, a lo cual respondieron que &amp;quot;ellos mantenían ideas ya superadas en el siglo pasado&amp;quot;. Pero a pesar que los ateos son una minoría y que reciben el descrédito y el ataque de los bien financiados líderes religiosos, los ateos no son una especie social extinta. Cabe notar que la mayoría de los Premios Nobel de ciencia son ateos, al igual que la mayoría de la élite intelectual del mundo. Uno de estos intelectuales es el filósofo francés Michel Onfray.&lt;/font&gt;&lt;b&gt;&lt;font size=5&gt;
&lt;p&gt;Entrevistando al autor del Tratado de teología&lt;/font&gt;&lt;/b&gt;&lt;font size=4&gt;
&lt;p&gt;El filósofo Michel Onfray empezó su vida de forma difícil. Nació en un hogar muy pobre, y a los diez años fué abandonado por su madre en un orfanato. A los 28 años sufrió un infarto, y más tarde dos derrames cerebrales. Onfray vive de forma sencilla y alegre. Tiene bloqueada su cuenta, para recibir solo lo que recibiría de jubilación un obrero agrícola. Ve que la vida debe llevarse de manera que pesé más el ser que el tener.
&lt;p&gt;Para Michel Onfray las religiones son únicamente instrumentos de dominación y de alienación. Afirma que los tres monoteísmos profesan el mismo odio a las mujeres, a la sexualidad y que detestan la libertad. Actualmente trabaja en la Universidad de Caen, Francia y es autor de 35 libros, de los cuales &amp;quot;Tratado de ateología&amp;quot; es uno de los más conocidos por el público hispano. A continuación se presenta un fragmento de la entrevista hecha por Luisa Corradini en Paris el 2007 para el diario argentino &amp;quot;La Nación&amp;quot;.&lt;b&gt;
&lt;p&gt;Usted afirma que no fue el orfanato lo que lo convenció de que Dios no existe porque a los diez años ya lo sabía. Sin embargo, suele decir también que los adultos que creen en Dios se equivocan. ¿Qué tenía usted a los diez años que un adulto -incluso analfabeto- no tenga a los cuarenta? ¿No es un poco pretencioso de su parte?&lt;/b&gt;
&lt;p&gt;No veo por qué debería ser pretencioso o qué es lo que yo tendría de más. Yo no hablo en esos términos. Son los suyos y es su propio juicio de valor. Para ser claro: creí en Dios mientras creía en el Papá Noel. A partir de cierta edad, todo eso me pareció irracional, sin sentido. Eso no quiere decir que fuera un superhombre o un genio precoz. Probablemente solo se trate de temperamento, de carácter inadaptado a las fábulas.&lt;b&gt;
&lt;p&gt;Usted escribe &amp;quot;los monoteísmos detestan la inteligencia&amp;quot;. Pero entonces, ¿qué hacer con todos los genios de Occidente que practicaron alguna de las tres religiones del Libro?&lt;/b&gt;
&lt;p&gt;Yo hablo de &amp;quot;monoteísmos&amp;quot; y no de &amp;quot;monoteístas&amp;quot;. El monoteísmo es una ideología que, en sus principios, detesta que la gente piense o reflexione y prefiere que obedezca y que se someta a la Ley, a la palabra de Dios y a sus Mandamientos. Que hay monoteístas inteligentes, no esperé su pregunta para saberlo. Y tampoco he dudado de la inteligencia de ciertos monoteístas cuando son inteligentes.&lt;b&gt;
&lt;p&gt;Dejemos a un lado la Iglesia como institución e incluso la Biblia. ¿Cómo sabe usted que, en verdad, Dios no existe? Podría perfectamente existir. ¿Cómo saberlo? ¿No cree que aceptar la duda sería una actitud más filosófica?&lt;/b&gt;
&lt;p&gt;La duda no es filosófica, es metodológica y prepara el terreno a la solución filosófica. En otras palabras, se duda un momento en un movimiento que debe concluir en una certeza. Descartes solo utilizó la duda de esa forma. Conformarse con la duda es detenerse a mitad de camino. Además, la duda es una deshonestidad intelectual. Aquellos que reivindican la duda no tienen problemas en reivindicar la certeza de esa duda. La coherencia del escéptico debería llevarlo hasta a dejar de hablar. Un filósofo tiene la obligación de hacer llegar su pensamiento a algún lado. En todo caso, aquellos que afirman algo (por ejemplo, la existencia de Dios) son quienes deben demostrarlo. De lo contrario, bastaría con afirmar cualquier cosa (que los unicornios existen, por ejemplo), pedir a su interlocutor que pruebe que lo que uno dice es una necedad y, frente a su incapacidad para demostrarlo, concluir que lo que se está diciendo es verdad. De esa forma se podría afirmar que las mesas giran solas, que los platos voladores existen, que los horóscopos dicen la verdad.&lt;b&gt;
&lt;p&gt;Usted critica a &amp;quot;los hombres que se embriagan de ilusiones&amp;quot;. ¿Está mal? ¿Y si eso les permite ser menos infelices? Usted escribe: &amp;quot;El camino de la verdad filosófica es largo y difícil&amp;quot;. Pero hay muchísima gente que nunca tendrá la posibilidad de hacer ese camino. ¿Por qué negarles su propia forma de consuelo a aquellos que creen en algo superior?&lt;/b&gt;
&lt;p&gt;Prefiero una verdad que duele a una mentira que calma. Pero cada uno puede preferir el opio de la ilusión a la realidad. Yo le reprocho a la ilusión enemistarnos con la única certeza que tenemos: la vida es aquí, aquí y ahora. Las religiones nos invitan a vivir en la expiación, con el pretexto de que vivir como si uno estuviera muerto aquí nos abrirá la vida eterna una vez muertos. Yo consagro gran parte de mi tiempo -sobre todo cuando creo universidades populares abiertas a todos-, a ofrecer una alternativa filosófica a la propuesta religiosa. Creo que es necesario popularizar la filosofía para reconciliar al hombre consigo mismo, con su cuerpo, su vida, los otros y el mundo, sin que tenga que pasar por todas esas ficciones religiosas.&lt;b&gt;
&lt;p&gt;Cuando un creyente piensa en el universo, imagina una suerte de más allá, donde pone a todos sus seres queridos, sus divinidades y sus ilusiones. Esa dimensión debe de ser imposible de borrar una vez adquirida. ¿Qué hay en la imaginación de un ateo total?&lt;/b&gt;
&lt;p&gt;Un mundo exactamente igual de vasto. ¡Qué extraña idea tiene usted del ateo! ¿Lo cree incapaz de imaginación? ¿De vida espiritual? ¡Es curioso que piense en el ateo como una especie de idiota de cerebro limitado, con escasas posibilidades estéticas, emocionales, afectivas y espirituales!&lt;b&gt;
&lt;p&gt;En todo caso, tengo la impresión de que la desaparición de lo sagrado no es inminente. ¿Cree usted en una humanidad sin religión?&lt;/b&gt;
&lt;p&gt;Siempre habrá religiones, porque las religiones viven de la angustia y del miedo de los hombres, y porque estamos lejos de haber terminado con los temores existenciales. El ateo está condenado a militar por una causa perdida. Pero poco importa que esté perdida, si es una causa justa. Lo irracional, lo irrazonable, la ilusión, las ficciones disponen de un futuro grandioso, pues el mundo liberal que se prepara en nuestro planeta odia la cultura, que hace retroceder a los mitos, entre ellos, la religión.&lt;b&gt;
&lt;p&gt;Usted escribe: &amp;quot;La autoridad me resulta insoportable; la dependencia, invivible. Las órdenes, invitaciones, pedidos, propuestas, consejos me paralizan&amp;quot;. ¿Cómo hace para organizar su relación con los demás, sobre todo con sus allegados?&lt;/b&gt;
&lt;p&gt;Desde los 17 años, (cuando dejé mi familia para vivir sin ayuda alguna) construí mi vida a fin de tener que obedecer -¡y mandar!- lo menos posible. No me pida detalles porque tendríamos que consagrar la entrevista a esta cuestión. Digamos que es necesario evitar el matrimonio y los hijos, los honores, la riqueza y las situaciones de poder. Soy soltero, sin hijos, me importan un bledo las condecoraciones, los puestos honoríficos en instituciones universitarias. Vivo muy bien con o sin dinero, porque el dinero nunca fue una obsesión en mi vida, no soy representante de esto ni de aquello. Trato de no deberle nada a nadie. Vivo de mi pluma, y mis lectores, comprando mis libros, hacen posible esta situación social magnífica, casi una vida de rey.&lt;b&gt;
&lt;p&gt;Usted se declara a favor de un hedonismo del ser y no del tener. ¿Me puede explicar?&lt;/b&gt;
&lt;p&gt;Es muy difícil en dos palabras. Digamos que todas las cosas que tienen que ver con la posesión (dinero, situación social, riquezas, propiedades, bienes habituales de la sociedad de consumo) no son un fin en sí mismas. Por el contrario, lo que depende del ser (libertad, amistad, amor, afección, dulzura, serenidad, paz consigo mismo, los otros y el mundo) constituye el ideal de sabiduría hacia el que hay que tender. Disfrutar de una cosa no presenta demasiado interés, disfrutar de un momento de sabiduría es uno de los grandes instantes de la vida.&lt;b&gt;
&lt;p&gt;¿Y cuál es la diferencia entre ese hedonismo y el estoicismo?&lt;/b&gt;
&lt;p&gt;La oposición entre ambas escuelas suele ser una cuestión de universitarios. Hay que leer las Cartas a Lucilio de Séneca, el estoico. Allí hay cantidad de argumentos epicúreos. En mi libro &lt;i&gt;Contra-historia de la filosofía&lt;/i&gt; explico cómo esta oposición entre dos sensibilidades filosóficas fueron instrumentalizadas por Cicerón con fines políticos: era necesario desacreditar a los candidatos epicúreos al Senado, y Cicerón, el estoico, los estigmatizó como voluptuosos e incapaces de ocuparse de la cosa pública. Después, el cristianismo se apoderó de esos argumentos que perduran hasta hoy.&lt;b&gt;
&lt;p&gt;Usted es un filósofo decididamente orientado hacia la modernidad. ¿Qué lugar reserva en su reflexión al psicoanálisis y a las neurociencias? ¿No cree que esta última esté terminando con Freud?&lt;/b&gt;
&lt;p&gt;Tengo el proyecto de escribir un libro sobre el psicoanálisis que evitará dar poderes absolutos tanto a Freud como a las neurociencias. Rehabilitaré el psicoanálisis como un chamanismo posmoderno, precisando que el cuerpo no es una cuestión de inconsciente psíquico, sino de inconsciente neurovegetativo.&lt;b&gt;
&lt;p&gt;¿Está usted satisfecho de su vida? Quizás sea ridículo preguntarle a un filósofo si es feliz, pero…&lt;/b&gt;
&lt;p&gt;¡Pero yo soy absolutamente feliz! De lo contrario dejaría de escribir lo que escribo, de enseñar lo que enseño y de dar las conferencias que doy por el mundo. A menos que fuese un estafador. Y yo sé que en filosofía también existen los estafadores.&lt;/font&gt;&lt;b&gt;&lt;font size=5&gt;
&lt;p&gt;Fuente: Sin Dioses&lt;/font&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;font size=2&gt;&lt;span lang=EN&gt;&lt;/span&gt;&lt;/font&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-598510411960762317&amp;page=RSS%3a+Entrevista+al+fil%c3%b3sofo+Michael+Onfray+(fragmento)&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=pachin11.spaces.live.com&amp;amp;GT1=pachin11"&gt;</description><comments>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3496.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3496.entry</guid><pubDate>Wed, 13 Aug 2008 23:00:33 GMT</pubDate><slash:comments>1</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://pachin11.spaces.live.com/blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3496/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3496.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2008-08-13T23:00:33Z</dcterms:modified></item><item><title>De balística Juan José Arreola</title><link>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3494.entry</link><description>&lt;div&gt;&lt;span lang=ES-MODERN&gt;
&lt;p align=center&gt;
&lt;p align=center&gt; 
&lt;p align=right&gt;Ne saxa ex catapultis latericium discuterent. &lt;br&gt;-César, De bello civili lib. 2. 
&lt;p align=right&gt;Catapultae turribus impositae et quoe&lt;br&gt;spicula mitterent, et quoe saxa.&lt;br&gt;-Appianus, Ibericoe
&lt;p&gt;Esas que allí se ven, vagas cicatrices entre los campos de labor, son las ruinas del campamento de Nobílior. Más allá se alzan los emplazamientos militares de Castillejo, de Renieblas y de Peña Redonda. De la remota ciudad sólo ha quedado una colina cargada de silencio... 
&lt;p&gt;-¡Por favor! No olvide usted que yo he venido desde Minnesota. Déjese ya de frases y dígame qué, cómo y a cuál distancia disparaban las balistas.
&lt;p&gt;-Pide usted un imposible. 
&lt;p&gt;-Pero usted es reconocido como una autoridad universal en antiguas máquinas de guerra. Mi profesor Burns, de Minnesota, no vaciló en darme su nombre y su dirección como un norte seguro. 
&lt;p&gt;-Dé usted al profesor, a quien estimo mucho por carta, las gracias de mi parte y un sincero pésame por su optimismo. A propósito, ¿qué ha pasado con sus experimentos en materia de balística romana? 
&lt;p&gt;-Un completo fracaso. Ante un público numeroso, el profesor Burns prometió volarse la barda del estadio de Minnesota y le falló el jonrón. Es la quinta vez que le hacen quedar mal sus catapultas, y se halla bastante decaído. Espera que yo le lleve algunos datos que lo pongan en el buen camino, pero usted... 
&lt;p&gt;-Dígale que no se desanime. El malogrado Ottokar von Soden consumió los mejores años de su vida frente al rompecabezas de una &lt;i&gt;ctesibia machina&lt;/i&gt; que funcionaba a base de aire comprimido. Y Gatteloni, que sabía más que el profesor Burns, y probablemente que yo, fracasó en 1915 con una máquina estupenda, basada en las descripciones de Ammiano Marcelino. Unos cuatro siglos antes, otro mecánico florentino, llamado Leonardo de Vinci, perdió el tiempo construyendo unas ballestas enormes, según las extraviadas indicaciones del célebre amateur Marco Vitruvio Polión. 
&lt;p&gt;-Me extraña y ofende, en cuanto devoto de la mecánica, el lenguaje que usted emplea para referirse a Vitruvio, uno de los genios primordiales de nuestra ciencia. 
&lt;p&gt;-Ignoro la opinión que usted y su profesor Burns tengan de este hombre nocivo. Para mí, Vitruvio es un simple aficionado. Lea usted por favor sus &lt;i&gt;libri decem&lt;/i&gt; con algún detenimiento: a cada paso se dará cuenta de que Vitruvio está hablando de cosas que no entiende. Lo que hace es transmitirnos valiosísimos textos griegos que van de Eneas el Táctico a Herén de Alejandría, sin orden ni concierto. 
&lt;p&gt;-Es la primera vez que oigo tal desacato. ¿En quién puede uno entonces depositar sus esperanzas? ¿Acaso en Sexto Julio Frontino? 
&lt;p&gt;-Lea usted su &lt;i&gt;Stratagematon&lt;/i&gt; con la mayor cautela. A primera vista se tiene la impresión de haber dado en el clavo. Pero el desencanto no tarda en abrirse paso a través de sus intransitables descripciones y errores. Frontino sabía mucho de acueductos, atarjeas y cloacas, pero en materia de balística es incapaz de calcular una parábola sencilla. 
&lt;p&gt;-No olvide usted, por favor, que a mi regreso debo preparar una tesis doctoral de doscientas cuartillas sobre balística romana, y redactar algunas conferencias. Yo no quiero sufrir una vergüenza como la de mi maestro en el estadio de Minnesota. Cíteme usted, por favor, algunas autoridades antiguas sobre el tema. El profesor Burns ha llenado mi mente de confusión con sus relatos, llenos de repeticiones y de salidas por la tangente. 
&lt;p&gt;-Permítame felicitar desde aquí al profesor Burns por su gran fidelidad. Veo que no ha hecho otra cosa sino transmitir a usted la visión caótica que de la balística antigua nos dan hombres como Marcelino, Arriano, Diodoro, Josefo, Polibio, Vegecio y Procopio. Le voy a hablar claro. No poseemos ni un dibujo contemporáneo, ni un solo dato concreto. Las pseudobalistas de Justo Lipsio y de Andrea Palladio son puras invenciones sobre papel, carentes en absoluto de realidad. 
&lt;p&gt;-Entonces, ¿qué hacer? Piense usted, se lo ruego, en las doscientas cuartillas de mi tesis. En las dos mil palabras de cada conferencia en Minnesota. 
&lt;p&gt;-Le voy a contar una anécdota que lo pondrá en vías de comprensión. 
&lt;p&gt;-Empiece usted.
&lt;p&gt;-Se refiere a la toma de Segida. Usted recuerda naturalmente que esta ciudad fue ocupada por el cónsul Nobílior en 153. 
&lt;p&gt;-¿Antes de Cristo? 
&lt;p&gt;-Me parece innecesario, más bien dicho, me parecía innecesario hacer a usted semejantes precisiones. 
&lt;p&gt;-Usted perdone. 
&lt;p&gt;-Bueno. Nobílior tomó Segida en 153. Lo que usted ignora con toda seguridad es que la pérdida de la ciudad, punto clave en la marcha sobre Numancia, se debió a una balista. 
&lt;p&gt;-¡Qué respiro! Una balista eficaz. 
&lt;p&gt;-Permítame. Sólo en sentido figurado. 
&lt;p&gt;-Concluya usted su anécdota. Estoy seguro de que volveré a Minnesota sin poder decir nada positivo.
&lt;p&gt;-El cónsul Nobílior, que era un hombre espectacular, quiso abrir el ataque con un gran disparo de catapulta... 
&lt;p&gt;-Dispénseme, pero estamos hablando de balistas... 
&lt;p&gt;-Y usted, y su famoso profesor de Minnesota, ¿pueden decirme acaso cuál es la diferencia que hay entre una balista y una catapulta? ¿Y entre una fundíbula, una doríbola y una palintona? En materia de máquinas antiguas, ya lo ha dicho don José Almirante, ni la ortografía es fija ni la explicación satisfactoria. Aquí tiene usted estos títulos para un mismo aparato: petróbola, litóbola, pedrera o petraria. Y también puede llamar usted onagro, monancona, políbola, acrobalista, quirobalista, toxobalista y neurobalista a cualquier máquina que funcione por tensión, torsión o contrapesación. Y como todos estos aparatos eran desde el siglo IV a C. generalmente locomóviles, les corresponde con justicia el título general de carrobalistas. 
&lt;p&gt;-...
&lt;p&gt;-Lo cierto es que el secreto que animaba a estos iguanodontes de la guerra se ha perdido. Nadie sabe cómo se templaba la madera, cómo se adobaban las cuerdas de esparto, de crin o de tripa, cómo funcionaba el sistema de contrapesos. 
&lt;p&gt;-Siga usted con su anécdota, antes de que yo decida cambiar el asunto de mi tesis doctoral, y expulse a mis imaginarios oyentes de la sala de conferencias. 
&lt;p&gt;-Nobílior, que era un hombre espectacular, quiso abrir el ataque con un gran disparo de balista... 
&lt;p&gt;-Veo que tiene usted sus anécdotas perfectamente memorizadas. La repetición ha sido literal.
&lt;p&gt;-A usted, en cambio, le falla la memoria. Acabo de hacer una variante significativa. 
&lt;p&gt;-¿De veras? 
&lt;p&gt;-He dicho balista en vez de catapulta, para evitar una nueva interrupción por parte de usted. Veo que el tiro me ha salido por la culata. 
&lt;p&gt;-Lo que yo quiero que salga, por donde sea, es el disparo de Nobílior. 
&lt;p&gt;-No saldrá. 
&lt;p&gt;-Qué, ¿no acabará usted de contarme su anécdota? 
&lt;p&gt;-Sí, pero no hay disparo. Los habitantes de Segida se rindieron en el preciso instante en que la balista, plegadas todas sus palancas, retorcidas las cuerdas elásticas y colmadas las plataformas de contrapeso, se aprestaba a lanzarles un bloque de granito. Hicieron señales desde las murallas, enviaron mensajeros y pactaron. Se les perdonó la vida, paro a condición de que evacuaran la ciudad para que Nobílior se diera el imperial capricho de incendiarla. 
&lt;p&gt;-¿Y la balista? 
&lt;p&gt;-Se estropeó por completo. Todos se olvidaron de ella, incluso los artilleros, ante el regocijo de tan módica victoria. Mientras los habitantes de Segida firmaban su derrota, las cuerdas se rompieron, estallaron los arcos de madera, y el brazo poderoso que debía lanzar la descomunal pedrada, quedó en tierra exánime, desgajado, soltando el canto de su puño... 
&lt;p&gt;-¿Cómo así?
&lt;p&gt;-¿Pero no sabe usted acaso que una catapulta que no dispara inmediatamente se echa a perder? Si no le enseñó esto el profesor Burns, permítame que dude mucho de su competencia. Pero volvamos a Segida. Nobílior recibió además mil ochocientas libras de plata como rescate de la gente principal, que inmediatamente hizo moneda para conjurar el inminente motín de los soldados sin paga. Se conservan algunas de esas monedas. Mañana podrá usted verlas en el Museo de Numancia. 
&lt;p&gt;-¿No podría usted conseguirme una de ellas como recuerdo? 
&lt;p&gt;-No me haga reír. El único particular que posee monedas de la época es el profesor Adolfo Schulten, que se pasó la vida escarbando en los escombros de Numancia, levantando planos, adivinando bajo los surcos del sembrado la huella de los emplazamientos militares. Lo que sí puedo conseguirle es una tarjeta postal con el anverso y reverso de la susodicha moneda. 
&lt;p&gt;-Sigamos adelante. 
&lt;p&gt;.-Nobílior supo sacarle mucho partido a la toma de Segida, y las monedas que acuñó llevan por un lado su perfil, y por el otro la silueta de una balista y esta palabra: Segisa. 
&lt;p&gt;-¿Y por qué Segisa y no Segida? 
&lt;p&gt;-Averígüelo usted. Una errata del que hizo los cuños. Esas monedas sonaron muchísimo en Roma. Y todavía más, la fama de la balista. Los talleres del imperio no se daban abasto para satisfacer las demandas de los jefes militares, que pedían catapultas por docenas, y cada vez más grandes. Y mientras más complicadas, mejor. 
&lt;p&gt;-Pero dígame algo positivo. Según usted, ¿a qué se debe la diferencia de los nombres si se alude siempre al mismo aparato? 
&lt;p&gt;-Tal vez se trata de diferencias de tamaño, tal vez se debe al tipo de proyectiles que los artilleros tenían a la mano. Vea usted, las litóbolas o petrarias, como su nombre lo indica, bueno, pues arrojan piedras. Piedras de todos tamaños. Los comentaristas van desde las veinte o treinta libras hasta los ocho o doce quintales. Las políbolas, parece que también arrojaban piedras, pero en forma de metralla, esto es, nubes de guijarros. Las doríbolas enviaban, etimológicamente, dardos enormes, pero también haces de flechas. Y las neurobalistas, pues vaya usted a saberlo... barriles con mixtos incendiarios, haces de leña ardiendo, cadáveres y grandes sacos de inmundicias para hacer más grueso el aire inficionado que respiraban los felices sitiados. En fin, yo sé de una balista que arrojaba grajos. 
&lt;p&gt;-¿Grajos? 
&lt;p&gt;-Déjeme contarle otra anécdota. 
&lt;p&gt;-Veo que me he equivocado de arqueólogo y de guía. 
&lt;p&gt;-Por favor, es muy bonita. Casi poética. Seré breve. Se lo prometo. 
&lt;p&gt;-Cuente usted y vámonos. El sol cae ya sobre Numancia. 
&lt;p&gt;-Un cuerpo de artillería abandonó una noche la balista más grande de su legión sobre una eminencia del terreno que resguardaba la aldehuela de Bures, en la ruta de Centóbriga. Como usted comprende, me remonto otra vez al siglo II a. C., pero sin salirme de la región. A la mañana siguiente, los habitantes de Bures, un centenar de pastores inocentes, se encontraron frente a aquella amenaza que había brotado del suelo. No sabían nada de catapultas, pero husmearon el peligro. Se encerraron a piedra y cal en sus cabañas, durante tres días. Como no podían seguir así indefinidamente, echaron suertes para saber quién iría en la mañana siguiente a inspeccionar el misterioso armatoste. Tocó la suerte a un jovenzuelo tímido y apocado, que se dio por condenado a muerte. La población pasó la noche despidiéndolo y dándole fortaleza, pero el muchacho temblaba de miedo. Antes de salir el sol en la mañana invernal, la balista debió de tener un tenebroso aspecto de patíbulo. 
&lt;p&gt;-¿Volvió con vida el jovenzuelo?
&lt;p&gt;-No. Cayó muerto al pie de la balista, bajo una descarga de grajos que habían pernoctado sobre la máquina de guerra y que se fueron volando asustados... 
&lt;p&gt;-¡ Santo Dios! Una balista que rinde la ciudad de Segida sin arrojar un solo disparo. Otra que mata un pastorcillo con un puñado de volátiles. ¿Esto es lo que yo voy a contar en Minnesota?
&lt;p&gt;-Diga usted que las catapultas se empleaban para la guerra de nervios. Añada que todo el Imperio Romano no era más que eso, una enorme máquina de guerra complicada y estorbosa, llena de palancas antagónicas, que se quitaban fuerza unas a otras. Discúlpese usted diciendo que fue un arma de la decadencia. 
&lt;p&gt;-¿Tendré éxito con eso?
&lt;p&gt;-Describa usted con amplitud el fatal apogeo de las balistas. Sea pintoresco. Cuente que el oficio de magíster llegó a ser en las ciudades romanas sumamente peligroso. Los chicos de la escuela infligían a sus maestros verdaderas lapidaciones, atacándolos con aparatos de bolsillo que eran una derivación infantil de las manubalistas guerreras. 
&lt;p&gt;-¿Tendré éxito con eso? 
&lt;p&gt;-Sea imponente. Hable con detalle acerca de la formación de un tren legionario. Deténgase a considerar sus dos mil carruajes y bestias de carga, las municiones, utensilios de fortificación y de asedio. Hable de los innumerables mozos y esclavos; critique el auge de comerciantes y cantineros, haga hincapié en las prostitutas. La corrupción moral, el peculado y el venéreo ofrecerán a usted sus generosos temas. Describa también el gran horno portátil de piedra hasta las ruedas, debido al talento del ingeniero Cayo Licinio Lícito, que iba cociendo el pan por el camino, a razón de mil piezas por kilómetro. 
&lt;p&gt;-¡Qué portento!
&lt;p&gt;-Tome usted en cuenta que el horno pesaba dieciocho toneladas, y que no hacía más de tres kilómetros diarios... 
&lt;p&gt;-¡Qué atrocidad! 
&lt;p&gt;-Sea pertinaz. Hable sin cesar de las grandes concentraciones de balistas. Sea generoso en las cifras, yo le proporciono las fuentes. Diga que en tiempos de Demetrio Poliorcetes llegaron a acumularse ochocientas máquinas contra una sola ciudad. El ejército romano, incapaz de evolucionar, sufría retardos desastrosos, topado entre el denso maderamen de sus agobiantes máquinas guerreras. 
&lt;p&gt;-¿Tendré éxito con eso? 
&lt;p&gt;-Concluya usted diciendo que la balista era un arma psicológica, una idea de fuerza, una metáfora aplastante. 
&lt;p&gt;-¿Tendré éxito con eso? 
&lt;p&gt;(En este momento el arqueólogo vio en el suelo una piedra que le pareció muy apropiada para poner punto final a su enseñanza. Era un guijarro basáltico, grueso y redondeado, de unos veinte kilos de peso. Desenterrándolo con grandes muestras de entusiasmo, lo puso en brazos del alumno.) 
&lt;p&gt;-¡Tiene usted suerte! Quería llevarse una moneda de recuerdo, y he aquí lo que el destino le ofrece. 
&lt;p&gt;-¿Pero qué es esto?
&lt;p&gt;-Un valioso proyectil de la época romana, disparado sin duda alguna por una de esas máquinas que tanto le preocupan. 
&lt;p&gt;(El estudiante recibió el regalo, un tanto confuso.) 
&lt;p&gt;-¿Pero... está usted seguro?
&lt;p&gt;-Llévese esta piedra a Minnesota, y póngala sobre su mesa de conferenciante. Causará una fuerte impresión en el auditorio. 
&lt;p&gt;-¿Usted cree? 
&lt;p&gt;-Yo mismo le obsequiaré una documentación en regla, para que las autoridades le permitan sacarla de España. 
&lt;p&gt;-¿Pero está usted seguro de que esta piedra es un proyectil romano?
&lt;p&gt;(La voz del arqueólogo tuvo un exasperado acento sombrío.) 
&lt;p&gt;-Tan seguro estoy de que lo es, que si usted, en vez de venir ahora, anticipa unos dos mil años su viaje a Numancia, esta piedra, disparada por uno de los artilleros de Escipión, le habría aplastado la cabeza. 
&lt;p&gt;(Ante aquella respuesta contundente, el estudiante de Minnesota se quedó pensativo, y estrechó afectuosamente la piedra contra su pecho. Soltando por un momento uno de sus brazos, se pasó la mano por la frente, como queriendo borrar, de una vez por todas, el fantasma de la balística romana.) 
&lt;p&gt;El sol se había puesto ya sobre el árido paisaje numantino. En el cauce seco del Merdancho brillaba una nostalgia de río. Los serafines del Ángelus volaban a lo lejos, sobre invisibles aldeas. Y maestro y discípulo se quedaron inmóviles, eternizados por un instantáneo recogimiento, como dos bloques erráticos bajo el crepúsculo grisáceo.&lt;/span&gt;&lt;span lang=EN&gt;
&lt;p&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-598510411960762317&amp;page=RSS%3a+De+bal%c3%adstica+Juan+Jos%c3%a9+Arreola&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=pachin11.spaces.live.com&amp;amp;GT1=pachin11"&gt;</description><comments>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3494.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3494.entry</guid><pubDate>Thu, 07 Aug 2008 16:21:11 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://pachin11.spaces.live.com/blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3494/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3494.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2008-08-07T16:21:11Z</dcterms:modified></item><item><title>Seis poemas (del libro "Marcha de los Desocupados"). E. Dalter</title><link>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3491.entry</link><description> 

&lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;

&lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;BOCA DE LOBO&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;(Avellaneda, verano, 2002)&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Quieren cruzar el puente&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;         
y no los dejan,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;piden pan&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;no les dan,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;quieren saber&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;de qué se trata,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y les mandan la gendarmería.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Quieren avanzar,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y les apagan&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;todas las luces&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;                  
a la redonda,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;quieren reclamar&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;por todo lo que rifaron,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y les mandan la gendarmería.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Quieren respirar,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;                   
subsistir&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;con sus hijos&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y les convirtieron&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;en galpones&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;             
y ruina&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;todas las fábricas.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Quieren entender&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;cuánto es nada&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y cuánto la penumbra&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;                que
no termina,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;quieren subir&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;la calle,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y les mandan la gendarmería.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;                     
*&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;PAISAJE&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Vacío,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;      
desecho&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y más vacío;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;tango sin madre;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;agua grumosa,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;agua negra;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;ojos dados&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       vuelta,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;en la sombra;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;pisadas,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       una
sobre otra,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;hacia la zanja;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;vacío&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y más vacío,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;bolsas de nailon&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y neblina&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;      
empozada&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;adonde mires.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;                   
*&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;MIENTRAS TANTO&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;(El riesgo político)&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;                           
a Ernesto,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;                           
en San Cristóbal&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;El riesgo político en este
país&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;es salir hambriento tras un
gato&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y no poder cazarlo.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;El riesgo, el riesgo,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;es mirar un caballo a los
ojos&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y no animarte, por tristeza,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
a hundirle el filo&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;de un solo mortal viento &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        hasta
su alma,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y que la tristeza, sientas,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        es
más escabrosa&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;que la muerte&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        y
sus leyendas&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
griegas o romanas.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;El riesgo, el riesgo,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        son
100 niños diarios,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;que se van, se van en tules&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        de
indolencia&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;o en un dolor desierto;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;algunos con sus rasgos&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        contraídos,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;algunos en sueños,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        sueños,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y algunos mirándote&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;desde lo más hondo o callado&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        de
vos mismo.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Lo demás, amigo,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        es
este respirar,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
este exhalar&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;sobre el borde quemante,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y la noche desencajada&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
que nos toca.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;                           
mayo, 2002&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;               
  *&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;DÍAS INTERMINABLES&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;(Memoria de Teresa Rodríguez)&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Aquellos días interminables&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;no fueron tan en vano&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;         ni
desprendidos&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;de la grande argamasa&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;         que
ya se iba moldeando&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;bajo los vientos más graves&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;         e
ïmplacables.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Algún día, creo, se dirá&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;que el corte&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;         de
la historia&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;comenzó con un corte&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        
de rutas&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;olvidadas, con neumáticos&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;         
y trapos&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;envolviendo todo&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;         
en humo denso,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y que la hermandad&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;          y
el abrazo&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;fueron el gran motor&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;contra el robo, el hambre&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;          y
la muerte&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;de un pueblo cercado&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;         
y trizado&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;por uno de los imperios&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;         
más ciegos&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;         
y criminales&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;de los tiempos.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;                  *&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;MARCHA DE LOS DESOCUPADOS&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Esta tristeza&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
va por agua, por arroz,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;por piso y contrapiso.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Esta tristeza&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        va
por manos,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
va por brazos,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y tiene fervor,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        sudor,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y tiene historia.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Nadie grita en vano,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;nadie piensa&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        en
vano&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;ni nadie vive la noche&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        ciega&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;en vano.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Esta tristeza&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        tiene
bocas,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;tiene pozos hirvientes&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y horas vacías,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        rincones
vacíos,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;como fábricas vacías.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Esta tristeza&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        va
con sus banderas,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
escritas y levantadas&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;en la marcha&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        por
mil brazos&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;que se suman,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
se suman,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
se suman.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Por eso esta marcha&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        es
inocente,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;por eso&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;esta marcha es peligrosa,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;por eso&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;esta marcha deja marcas&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        hondas&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        y
sentidas,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;desde las suelas,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;desde la sangre,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        desde
el alma,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y desnuda&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        a
represores,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
testaferros,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
caretas&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y hambreadores.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Nada más cierto&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        que
esta marcha,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;nada más&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        ardiente&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
que esta marcha,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;nada más&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        indetenible&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
que esta marcha&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;que la vida contra la muerte&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        va
empujando&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;desde tu hambre,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;desde mi hambre,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
por tu pan/ mi pan,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;para encontrarse&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;en cualquier&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
abrazo,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;       
canto o lluvia&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;del camino. &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;                   
*&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;CARTA ABIERTA A MAXI
KOSTEKI&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;asesinado por la represión en
Avellaneda&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Nos toca hoy decirle a la
gente&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;humilde y desolada del país&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;que vos fuiste el joven poeta&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;que en una avanzada contra el
hambre&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        
y el frío,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;en la lejana calle 104, hizo
un horno&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y que el dorado pan, aún sin
entibiar,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;iba pronto a las bocas y a
las lenguas&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;como un beso ardoroso y
libertario.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Además de tus poemas, sueños
y&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;         pájaros
y manos,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;que habrán de llegar a los
jóvenes&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        
que sienten que la vida, el abrazo&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        
son posibles,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;vos fuiste, tan temprano, el
que tomó&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;la poesía por las astas e
hizo un horno,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;con ladrillos, aguas y un
tambor&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        
de aceite,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;para dejarnos tu aliento, tus
huellas&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;        
del corazón,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;en esta travesía íntima y de
todos&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;bajo el invierno más crudo y
la&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;         
desdicha.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;_______________________________________&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Poema-mural expuesto en
Puente Avellaneda el 26&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;de julio durante la jornada
de repudio a la represión,&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;al cumplirse un mes del asesinato
de Darío Santillán&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;y Maximiliano Kosteki.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Fuente Pimienta negra&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-598510411960762317&amp;page=RSS%3a+Seis+poemas+(del+libro+%22Marcha+de+los+Desocupados%22).+E.+Dalter&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=pachin11.spaces.live.com&amp;amp;GT1=pachin11"&gt;</description><comments>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3491.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3491.entry</guid><pubDate>Mon, 07 Jul 2008 22:45:08 GMT</pubDate><slash:comments>2</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://pachin11.spaces.live.com/blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3491/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3491.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2008-07-07T22:45:08Z</dcterms:modified></item><item><title>El gran secreto de Cristóbal Colón por LUIS LÓPEZ NIEVES</title><link>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3485.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p style="text-align:right" align=right&gt;&lt;font color="#000000"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;Una flama negra danza sobre el agua&lt;br&gt;negra torre, negro vuelo, negro alfil.&lt;br&gt;Vanessa Droz &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size:10pt"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font color="#000000"&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Arial"&gt;El 11 de octubre de 1492, a las nueve de la noche, Cristóbal se encaramó al mástil principal de la Santa María, envolvió el brazo derecho en una soga gruesa para no perder el balance, y clavó la vista en el horizonte umbroso. Aunque no había luna llena, el recuerdo del tenaz sol de la tarde aún flotaba en el aire y le permitía ver las apacibles olas de la mar. Allí permaneció cuarenta y cinco minutos, sin apenas mover la cabeza ni cerrar los ojos. Algunos tripulantes levantaban la vista recelosa de vez en cuando, pero no estaban seguros de si meditaba, oraba o examinaba una y otra vez, como era su costumbre, el mismo punto del horizonte inacabable.&lt;br&gt;&lt;br&gt;A las diez menos cuarto Cristóbal se secó el sudor de la frente y bajó a cubierta. Su rostro no reflejaba frustración, ira ni cansancio: sólo mucha sorpresa y un poco de inquietud. Colocó la mano distraída sobre el hombro del marinero suspicaz que se disponía a subir al palo en su lugar, pero no dijo palabra. Regresó al castillo de popa, encendió con dificultad una de las pocas velas que le quedaban, desenrolló sobre el escritorio un pequeño mapa antiguo y se dedicó a estudiarlo.&lt;br&gt;&lt;br&gt;A los pocos minutos, exactamente a las diez de la noche, Cristóbal Colón se frotó los ojos cansados. Reposó el mentón en la palma de la mano y miró por la ventana. Creyó ver a lo lejos, en medio de la noche oscura, una lumbre que subía y bajaba como si alguien hiciera señas con una antorcha. El rostro se le calentó de golpe. Llamó al repostero de estrados Pedro Gutiérrez, lo sentó junto a sí y le preguntó si veía la lumbre. Gutiérrez se acercó a la ventana, sacó el cuerpo hasta la cintura y respondió que sí, que la veía. Cristóbal Colón entonces llamó a Rodrigo Sánchez de Segovia y le preguntó si veía la lumbre, pero éste dijo que no. Poco después la luz desapareció y nadie más pudo verla.&lt;br&gt;&lt;br&gt;A las dos de la mañana, sin haber dormido un segundo, el capitán Colón todavía examinaba el mapa con una lupa. Las manchas de sudor de sus axilas, que no se habían secado en los últimos cuatro días, le bajaban por los costados de la camisa y le subían hasta la mitad de las mangas. El Capitán colocó el dedo sobre el mapa y lo movió a la izquierda lentamente; lo detuvo en medio de la mar, en algún punto a todas luces imaginario. Comenzaba a bajarlo hacia el suroeste cuando estalló, de pronto, el grito casi histérico de Rodrigo de Triana, vigía de la Pinta: “¡Tierra! ¡Tierra! ¡Tierra!”&lt;br&gt;&lt;br&gt;Don Cristóbal Colón dejó de respirar: se puso de pie y golpeó el escritorio con el puño. En ese mismo instante hizo fuego el estrepitoso cañón lombardo de la Pinta, señal acordada para cuando se hallara tierra. Las naves restantes dispararon su propio cañonazo: las tripulaciones se despertaban y comenzaban a celebrar. Las campanas de la Niña, la Pinta y la Santa María repicaban a todo vuelo.&lt;br&gt;&lt;br&gt;Don Cristóbal Colón salió a cubierta y ordenó al timonel que acercara la Santa María a la Pinta, donde Rodrigo de Triana contaba a la tripulación cómo había visto tierra por primera vez y le recordaba al capitán Martín Alonso Pinzón la recompensa de diez mil maravedís. La Niña se acopló a las otras dos naves y los marineros de las tres carabelas se unieron sobre la cubierta de la Pinta. Aunque eran las dos de la mañana y la noche era oscura, todos veían con sus propios ojos que no habían llegado al infierno ni al final del mundo, sino que estaban en una playa común y corriente, con arena, árboles y olas apacibles. El almirante don Cristóbal Colón ordenó arriar velas y esperar a que amaneciera. Impartió instrucciones de preparar el desembarco y luego regresó a la Santa María y se encerró en su camarote. Sacó del bolsillo una pequeña llave reluciente que aún no había tenido ocasión de usar en todo el viaje. Con ella abrió un baúl mediano, de madera oscura y perfumada, que tampoco había tenido motivo para abrir hasta hoy. Sacó una larga túnica de lana negra y la vistió por encima de su ropa de capitán. Sacó también unas botas nuevas, de cuero fulgente, que calzó tras quitarse las botas gastadas que había usado durante todo el viaje. Se lavó el rostro en una palangana de agua salada; luego se mojó el cabello blanco y lo peinó con los dedos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font color="#000000"&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Arial"&gt;Al abrir la puerta del camarote se encontró de frente con los marineros de las tres naos. Cuando vieron al nuevo almirante, envuelto en lana negra y con botas relucientes, se hincaron de rodillas: algunos lloraban de alegría, otros llevaban en los rostros el bochorno del amotinado arrepentido. El almirante don Cristóbal Colón los miró sin decir palabra.&lt;br&gt;&lt;br&gt;—Capitán, perdónanos —dijo al fin un marinero flaco—. Fuimos desconfiados.&lt;br&gt;—Cantemos el Salve Regina —respondió don Cristóbal—. Luego preparaos para buscar víveres y agua.&lt;br&gt;&lt;br&gt;Pocas horas después, al amanecer, el pequeño bote de remos llegaba a la playa con el almirante don Cristóbal Colón en la proa. Lo acompañaban, entre otros, los capitanes Martín Alonso Pinzón y Vicente Yáñez Pinzón. El flamante Virrey, con sus botas de cuero espléndido, fue el primero en saltar del bote y pisar las nuevas tierras de la reina de Castilla. Los maravillados acompañantes del descubridor seguían sus pasos de cerca.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#000000"&gt;A las nueve de la mañana las tripulaciones de las tres naves se habían bañado en la playa cristalina y descansaban sobre la arena blanca. El almirante de la Mar Océano hablaba con sus capitanes bajo la sombra de un árbol extraño, cuyo fruto olía a perfume y tenía forma de corazón. De pronto, cinco indios desnudos salieron de la arboleda. Cuatro eran jóvenes y robustos; el quinto, mucho más viejo, caminaba con la ayuda de un palo. Los jóvenes traían papagayos, hilo de algodón en ovillos y azagayas. Al ver a estas criaturas que irrumpían de repente en la playa, los marineros se alarmaron y corrieron a buscar sus espadas. Don Cristóbal Colón se acercó con prisa, ordenó la calma entre sus hombres y luego caminó lentamente hasta los indios asombrados. Cuando se detuvo frente a ellos los jóvenes lo miraron con extrañeza, pero el viejo, apoyándose del brazo de uno de los muchachos, se puso de rodillas con mucho trabajo. Luego bajó la cabeza en señal de respeto y le dijo a don Cristóbal Colón en voz baja, en una lengua que ningún español pudo comprender:&lt;br&gt;&lt;br&gt;—¡Maestro, al fin has regresado!&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-598510411960762317&amp;page=RSS%3a+El+gran+secreto+de+Crist%c3%b3bal+Col%c3%b3n+por+LUIS+L%c3%93PEZ+NIEVES&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=pachin11.spaces.live.com&amp;amp;GT1=pachin11"&gt;</description><comments>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3485.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3485.entry</guid><pubDate>Mon, 07 Jul 2008 02:34:28 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://pachin11.spaces.live.com/blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3485/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3485.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2008-07-07T02:34:28Z</dcterms:modified></item><item><title>La muerte por Enrique Anderson Imbert</title><link>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3483.entry</link><description> 

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;La automovilista (negro el vestido, negro el
pelo, negros los ojos pero con la cara tan pálida que a pesar del mediodía
parecía que en su tez se hubiese detenido un relámpago) la automovilista vio en
el camino a una muchacha que hacía señas para que parara. Paró. &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;-¿Me llevas? Hasta el pueblo no más -dijo la
muchacha. &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;-Sube -dijo la automovilista. Y el auto
arrancó a toda velocidad por el camino que bordeaba la montaña. &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;-Muchas gracias -dijo la muchacha con un
gracioso mohín- pero ¿no tienes miedo de levantar por el camino a personas
desconocidas? Podrían hacerte daño. ¡Esto está tan desierto! &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;-No, no tengo miedo. &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;-¿Y si levantaras a alguien que te atraca? &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;-No tengo miedo. &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;-¿Y si te matan? &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;-No tengo miedo. &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;-¿No? Permíteme presentarme -dijo entonces la
muchacha, que tenía los ojos grandes, límpidos, imaginativos y enseguida,
conteniendo la risa, fingió una voz cavernosa-. Soy la Muerte, la M-u-e-r-t-e. &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;La automovilista sonrió misteriosamente. &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;En la próxima curva el auto se desbarrancó.
La muchacha quedó muerta entre las piedras. La automovilista siguió a pie y al
llegar a un cactus desapareció.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-598510411960762317&amp;page=RSS%3a+La+muerte+por+Enrique+Anderson+Imbert&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=pachin11.spaces.live.com&amp;amp;GT1=pachin11"&gt;</description><comments>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3483.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3483.entry</guid><pubDate>Sun, 06 Jul 2008 17:32:18 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://pachin11.spaces.live.com/blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3483/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3483.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2008-07-06T17:32:18Z</dcterms:modified></item><item><title>El muerto inolvidable  OSVALDO SORIANO</title><link>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3482.entry</link><description> 

&lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt; &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Se llama Mereco mi muerto
inolvidable. Para mí su viejo Ford nunca termina de desbarrancarse de una
quebrada puntana, bajo una suave garúa que no amaina ni siquiera cuando vamos
con mi padre rumbo a su velorio. ¿Cómo puede ser que Mereco esté muerto si hace
cuarenta años que yo lo llevo en mí, flaco y alto como un farol de la plaza.?&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Cuando
mi padre se descuida me acerco al ataúd que está más alto que mi cabeza y un
comedido me levanta para que lo vea ahí, orondo, machucado y con la corbata
planchada. La novia entra, llora un rato y se va, inclinada sobre otra mujer
más vieja. Hay tipos que le fuman en la cara, toman copas y otro que entra al
living repartiendo pésames prepotentes y se desmaya en los brazos de la madre.&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Después
vinieron otros muertos considerables, pero ninguno como él. Recuerdo a un
colorado que me con­vidaba pochoclo en el colegio y lo agarró un camión a la
salida. También a un insider de los Infantiles Evita que nunca largaba la
pelota y se quedó pegado a un cable de la luz. Pero aquellos muertos no eran
drama porque nosotros, los otros, nunca nos íbamos a morir. Al menos eso me
dijo mi padre mientras caminábamos por la vereda, a lo largo de la acequia,
cubiertos por un para­guas deshilachado. Casi nunca llovía en aquel desierto
pero en esos días de comienzos del peronismo se levantó el chorrillero, empezó
a lloviznar y Mereco no pudo dominar el furioso descapotable negro en el que yo
aprendí a manejar.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua'"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Por
mi culpa mi padre estaba resentido con él y sólo de verlo muerto podía
perdonarle aquel día en que lo llevaron preso. Salimos del velorio por un
corredor y cruzamos un terreno baldío para llegar al depósito de la comisaría.
El Ford A estaba en la puerta, aplastado como una chapita de cerveza. Mi padre
iba consolando a otra novia que tenía el finado y ya no se acordaba de mí.
Pegado a la pared para que no me viera el vigilante, me acerqué al amasijo de
fierros y alcancé a ver el volante de madera lustrada. Seguía reluciente y
entero entre las chapas aplastadas. También estaba intacta la plaqueta del
tablero con el velocímetro y el medidor de nafta. Marcaba en millas, me
acuerdo, y cuando íbamos a ver a su otra novia, Mereco lo levantaba a sesenta o
más por el camino de tierra. Nadie sabía nada. Mi padre creía que yo me quedaba
en la escuela y la novia de Mereco estaba convencida de que íbamos a buscar a
mi padre qué controlaba el agua en las piletas del regimiento. Entonces
llegábamos a un caserío viejo que el coronel Manuel Dorrego había tomado y
defendido no sé cuántas veces y Mereco me dejaba solo con el Ford A debajo de
una higuera frondosa. Ésa era mi fiesta en los días en qué Mereco no estaba
muerto y el Ford seguía intacto. Me sentaba en su asiento, estiraba las piernas
hasta tocar los pedales y el que iba a mi lado era Fangio anunciándome curvas y
terraplenes.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua'"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Mereco
no es un muerto triste. Tiene como veinticin­co años y todavía lo veo así ahora
que yo tengo el doble y he recorrido más rutas que él. Antes del incidente que
lo enemistó con mi viejo, solía venir a casa a tomar mate y dar consejos.
&amp;quot;Hágame caso, doble siempre golpeando el volante, don José&amp;quot;, le decía
a mi padre como si mi padre tuviera un coche con el que doblar. &amp;quot;En el
culebreo suelte el volante hasta que se acomode solo&amp;quot;, insistía. &amp;quot;Es
un farabute&amp;quot;, comentaba mi viejo mientras lo miraba alejarse con el
parabrisas bajo y las antiparras puestas.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua'"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Nunca
tuvieron un mango ni Mereco ni mi padre. Por las tardes, a la salida de la
escuela, yo corría hasta la juguetería para mirar un avión en la vidriera. Era
un bimotor de lata con el escudo argentino pintado en las alas. Mi madre me
había dicho que nunca podría comprár­melo, que no alcanzaba el sueldo de Obras
Sanitarias y que por eso mi padre iba a cortar entradas al cine. Al menos podíamos
ver todas las películas que queríamos. Pero en casi todas mostraban aviones y
yo no me conso­laba con recortarlos de las láminas del &lt;i&gt;Billiken.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua'"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Una
tarde entré a robarlo. Por la única foto que me queda de ese tiempo supongo que
llevaría guardapolvo tableado, un echarpe de San Lorenzo y la cartera en la que
pensaba esconder el avión. En el negocio había un par de mujeres mirando
muñecas y el dueño me relojeó enseguida. Era un pelado del Partido Conservador
que recién se había hecho peronista y tenía en la pared una foto del general a
caballo. Busqué con la mirada por los estantes mientras las mujeres se iban y
de pronto me quedé a solas con el tipo. Ahí me di cuenta de que estaba perdido.
No había robado nada pero igual me sentía un ladrón. Me puse colorado y las
piernas me temblaban de miedo. El pelado dio la vuelta al mostrador y me dio
una cachetada sonora, justiciera. Nos quedamos en silencio, como esperando que
el sol se oscureciera. ¿Qué hacer si ya no podía robarle el juguete? ¿Cómo
esconder aquella humillación? Me volví y salí corriendo. Mi viejo estaba
esperándome en la esquina con la bicicleta de la repar­tición. Tenía el pucho
entre los labios y sonrió al verme llegar. &amp;quot;¿Qué te pasa?&amp;quot;, me
preguntó mientras yo subía al caño de la bici. Le contesté que me había retado
la maestra, pero no me creyó. &amp;quot;¿No me querés decir nada, no?&amp;quot;, dijo y
yo asentí. Hicimos el camino a casa callados, corridos por el viento.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua'"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Una
tarde, mientras iba en el Ford con Mereco, no pude aguantarme y le conté. Se
levantó las antiparras y como único comentario me guiñó un ojo. Dos o tres días
más tarde vino a casa con el plano de un nuevo carbu­rador que quería ponerle
al coche. Traía una botella de tinto y el avión envuelto en una bolsa de papel.
&amp;quot;Lo encontré tirado en la &lt;i&gt;plaza&amp;quot;, &lt;/i&gt;me dijo y cambió de conver­sación.
Mi padre se olió algo raro y a cada rato levan­taba la vista del plano para
vigilarnos las miradas. No sé por qué tuve miedo de que el pelado viniera a
tocar el timbre y me abofeteara de nuevo.&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Pero
el pelado no vino y Mereco desapareció por un tiempo. Fue por esos días cuando
a mi padre lo comisionaron para hacer una inspección en Villa Merce­des y me
llevó con él en el micro. Un pariente del gobernador tenía una instalación
clandestina para regar una quinta de duraznos, o algo así. Recuerdo que no bien
llegamos el jefe del distrito le dijo a mi padre que no se metiera porque lo
iban a correr a tiros. &amp;quot;¡Pero si la gente no tiene agua para tomar, cómo
no me voy a meter!&amp;quot;, contestó mi viejo y volvimos a la pensión. No me
acuerdo de qué me habló esa noche a solas en el comedor de los viajantes, pero
creo que evocaba sus días del Otto Krause y a una mujer que había perdido
durante la revolución del año 30.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua'"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Todo
aquello me vuelve ahora envuelto en sombras. Nebulosos me parecen el
subcomisario y el vigilante que vinieron a la mañana a quitarme el avión y a
echarnos de Villa Mercedes antes de que mi padre pudiera hacer la inspección.
Tenían un pedido de captura en San Luis y nos empujaron de mala manera hasta la
terminal donde esperaba un policía de uniforme flamante. Hici­mos el viaje de
regreso en el último asiento custodiados por el vigilante y la gente nos miraba
feo. En la terminal mi padre me preguntó por lo bajo si yo era cómplice de
Mereco. Le dije que sí pero me ordenó que no dijera nada, que no nombrara a
nadie.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua'"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;No era la primera vez que
nos llevaban a una comisaría y mi padre se defendió bastante bien. Negó que yo
hubiera robado el avión y responsabilizó al comisario de interferir la acción
de otro agente del Estado en cumplimiento del deber. Era hábil con los
discursos mi viejo. Enseguida sacaba a relucir a los próceres que todavía
estaban frescos y si seguía la resistencia también lo sacaba al General que
tanto detestaba. A mí me llevaron a casa, donde encontré a mi madre llorando.
Al rato Mereco cayó en el Ford y nos dijo que lo acompañára­mos, que iba a
entregarse.&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Cuando
llegamos, mi padre ya se había confesado culpable y en la guardia se armó una
trifulca bárbara porque Mereco también quería ser el ladrón y mi viejo gritaba
que a él sólo le asistía el derecho de robar un juguete para su hijo. Como
ninguno de los dos tenía plata para pagarlo, mi avión fue a parar a un cajón
lleno de cachiporras y cartucheras. Al amanecer llegó el jefe de Obras
Sanitarias y nos largaron a todos. Mi padre se negó a subir al descapotable de
Mereco y le dijo que si aparecía otra vez por casa le iba a romper la cara. Fue
la última vez que lo vimos antes del velorio. Se calzó las antiparras, saludó
con un brazo en alto y ahí va todavía, a noventa y capota baja, subiendo la
quebrada con aquel Ford en el que hace tanto tiempo yo aprendí a manejar.&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt" lang=ES-TRAD&gt; &lt;/span&gt;

&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-598510411960762317&amp;page=RSS%3a+El+muerto+inolvidable++OSVALDO+SORIANO&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=pachin11.spaces.live.com&amp;amp;GT1=pachin11"&gt;</description><comments>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3482.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3482.entry</guid><pubDate>Thu, 03 Jul 2008 20:04:03 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://pachin11.spaces.live.com/blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3482/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3482.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2008-07-03T20:04:03Z</dcterms:modified></item><item><title>Manifiesto Los Parados Felices</title><link>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3481.entry</link><description>

&lt;p style="margin-left:36pt;text-align:center" align=center&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:20pt"&gt;Manifiesto&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:20pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p style="margin-left:36pt;text-align:center" align=center&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:20pt"&gt;Los Parados Felices &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:20pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p style="text-align:center" align=center&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Lectura
pública a tres voces, sobre tumbonas y adornada con diapositivas, ofrecida por
primera vez el 14 de agosto de 1996 en el «Mercado de los Esclavos» del Prater
(Berlín-este) ante una asamblea mitad entusiasta, mitad dubitativa. Título
original alemán: &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Die
Glücklichen Arbeitslosen&lt;i&gt;. Versión castellana (a partir de las traducciones
en inglés, francés y portugués): Round Desk.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Y tú, ¿qué haces en
la vida?&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Lo que sigue va contra
los principios hasta hoy válidos de los Parados Felices, a quienes no les gusta
empezar por la teoría. Prefieren de lejos la propaganda por medio de los
hechos, los malos hechos y sobre todo los no-hechos. Por otra parte, la
búsqueda en el ámbito del paro feliz no ha desembocado aún en resultados
decisivos y susceptibles de ser presentados aquí. Sin embargo, son necesarias
algunas explicaciones, porque el rumor, que ya ha asegurado a los Parados
Felices una especie de secreta notoriedad, no está exento de malentendidos. Y
esto sobre puntos de importancia, como la felicidad y también el paro. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Desde el momento en que
se habla de felicidad, la cosa se convierte inmediatamente en sospechosa. La
felicidad es irresponsable. La felicidad es burguesa. La felicidad es
antialemana. Y además, ¿cómo se puede ser feliz ante la miseria, la violencia y
ante unos bollos que cuestan cada vez más caros y que no son más que unas
insípidas bolas rellenas de aire?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Paul Watzlawick ya trató
de esta clase de argumentos en su libro&lt;i&gt; El arte de amargarnos la vida&lt;/i&gt;:
«¿Y si fuéramos absolutamente inocentes del pecado original? ¿Si nadie pudiese
reprocharnos el haber contribuido a él? No cabe ninguna duda de que en este
caso somos unas víctimas inocentes y puras. ¿Quién se atreverá entonces a
cuestionar mi condición de sacrificado? ¿Quién se atreverá incluso a pedirme
que haga algo por remediar mi desdicha? Lo que me fue infligido por Dios, los
cromosomas y las hormonas, la sociedad, los padres, la policía, los maestros y
los médicos, los jefes y, peor que todo, los amigos, es tan injusto y provoca
tanto dolor, que solamente insinuar que tal vez yo pudiera hacer algo al
respecto es añadir el insulto al daño. ¡Sin contar con que tampoco es una
actitud científica!»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Para extendernos sobre
este tema, sería necesario que nos hundiéramos en las profundidades de la
psicología, de lo cual nos guardaremos bien. Pero aún se pueden encontrar otros
argumentos contra la persecución de la felicidad. Se dice por ejemplo que el
totalitarismo pretende hacer feliz a las personas contra su propia voluntad. Al
respecto, los trabajadores y los demandantes de desgraciados empleos no tienen
por qué preocuparse: los Parados Felices no tienen la intención de imponerles
ninguna forma de felicidad, cualquiera que sea. Es cierto que la felicidad es
un argumento de venta típico de toda clase de charlatanes que intentan colarnos
su remedio milagroso. Pero los Parados Felices no tienen ningún remedio que
vender. En el plano programático, consideramos la cuestión tal como Lautreámont
la formuló en 1869:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«Hasta hoy, se ha
descrito la infelicidad para inspirar el terror y la piedad; yo describiré la
felicidad para inspirar justamente lo contrario.»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Y ahora vayamos al
grano.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;El paro no es un
problema –quizá sea una solución&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Todos sabemos que ya no
se puede abolir el paro. Si la empresa funciona mal, se despide a los
trabajadores. Si va bien, se invierte en automatización y se despide del mismo
modo. Antes, la mano de obra era necesaria porque había trabajo. Ahora se
necesita desesperadamente trabajo porque sobra mano de obra y nadie sabe qué
hacer con ella, ya que las máquinas trabajan más deprisa, mejor y más barato. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;La automatización fue
siempre un sueño de la humanidad. Hace 2.300 años, el Parado Feliz, Aristóteles,
ya decía:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«Si cada herramienta
pudiese cumplir, por sí sola, su función; si, por ejemplo, la aguja del telar
pudiese trabajar sola, el maestro no necesitaría de ningún ayudante y el amo de
ningún esclavo.»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Hoy ya se cumplió este
sueño, pero en la forma de una pesadilla para todos, porque las relaciones
sociales no cambiaron tan rápidamente como la tecnología. Sin embargo, este
proceso no tiene retroceso, marcha atrás posible: los robots y las máquinas
jamás serán sustituidos por trabajadores. Y, por otra parte, cuando se hace
necesaria o se pretende una mayor ganancia, o plusvalía, el trabajo «humano» se
desplaza hacia países donde la mano de obra es más barata, o se utilizan
trabajadores inmigrantes muy mal pagados. Semejante espiral descendente sólo
podría ser detenida por el restablecimiento de la esclavitud. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Todo el mundo lo sabe,
pero nadie lo puede decir. Desde la oficialidad –instituciones,
para-instituciones y la propia víctima– se lanzan a la «lucha contra el paro»,
aunque, en realidad, luchan únicamente contra los parados. Para ello,
falsifican las estadísticas, «ocupan» –en el sentido militar de la palabra– a
los parados y ejercen controles sin fin para importunarlos. Y como estas
medidas nunca acaban de convencer, entonces apelan a la moral y piden al parado
que asuma que es él quien tiene la culpa de su situación, exigiéndole pruebas
de la «búsqueda activa de trabajo». Todo para adecuar la realidad a la
propaganda. Pero he aquí que llega el Parado Feliz y dice en voz alta lo que
todo el mundo ya sabe.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«Desempleo» es, desde
luego, una mala palabra, un término con connotaciones negativas, la otra cara
de la moneda del trabajo. Un desempleado no es más que un trabajador sin
trabajo. Nada se dice acerca de esta misma persona como poeta, paseante,
buscador, respirador. En público, sólo se puede hablar de falta de trabajo.
Sólo en el ámbito privado, sin periodistas, sociólogos y otros espías
presentes, podemos atrevernos a ser honestos:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«¡Despedidme, hijos de
puta! Por fin voy a tener tiempo para divertirme, ir a fiestas todas las noches
y ya no tendré que comer deprisa los platos recalentados en el microondas y
podré follar sin trabas.»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;¿Debería superarse esta
separación entre sabiduría privada y mentira pública? Se nos dice que no es el
momento oportuno para criticar el trabajo, que sería una provocación, que
venderíamos margaritas a los cerdos. Veinte años atrás, los trabajadores podían
haber cuestionado su trabajo en general. Hoy, simplemente porque no están
desocupados, tienen que fingir satisfacción. Y los desocupados tienen que decir
que están insatisfechos por el solo hecho de que no tienen trabajo. Así se
disuelve la crítica del trabajo. El Parado Feliz se ríe de semejante chantaje. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Allí donde se perdió la
ética del trabajo queda el miedo al paro como el mejor látigo para aumentar el
servilismo. Un cierto Schmilinsky, consultor de empresas para la eliminación
del absentismo, lo dijo de una manera perfectamente clara:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«El dueño de una
caballeriza establece qué caballos irán al campo y qué caballos irán al
matadero. Las empresas que quieren sobrevivir en el mundo de los negocios de
hoy tienen que ser igualmente despiadadas cada tanto. Demasiada amabilidad
puede significar el fin de una compañía. Aconsejo a mis clientes que actúen con
puño de hierro dentro de un guante de terciopelo. En nuestra época, los
trabajadores observan a su alrededor y ven por todas partes cómo se eliminan
puestos de trabajo. Ninguno tiene ganas de producir una mala impresión. Las
empresas tienden a utilizar este sentimiento de inseguridad, a fin de reducir
notablemente las horas que se pierden por el absentismo.» (&lt;i&gt;Der Spiegel&lt;/i&gt;,
32/1996)&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;En cambio, establecer un
ambiente propicio para los Parados Felices ayudaría también a mejorar la
situación de los que trabajan: su miedo a convertirse en parados disminuiría y
el coraje para decir «no» podría expresarse más libremente. Quizá algún día la
correlación de fuerzas volverá ser favorable a los trabajadores: «¿Qué?
¿Quieren controlarme durante mi baja por enfermedad? Si es así, prefiero unirme
a los Parados Felices.»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;El trabajo es una
cuestión de supervivencia. Nada ni nadie lo puede negar. Es lo que dice sobre
el asunto Bob Black, en los Estados Unidos:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«El trabajo es un crimen
en serie, un genocidio. Directa o indirectamente, el trabajo matará a quien lea
estas líneas. Según las estadísticas, en este país el trabajo mata entre 14 mil
y 25 mil personas por año. Más de dos millones resultan mutiladas y entre 20 y
25 millones lesionadas. Y esto, sin contar a los 500 mil trabajadores que
padecen enfermedades profesionales, ni los accidentes de tráfico yendo o
viniendo del trabajo o, incluso, procurando no pensar en él... Sin contar
tampoco a las víctimas de la contaminación, del alcoholismo o del consumo de
drogas ligados al trabajo. Así, tendría que multiplicarse por seis el número de
asesinados, simplemente para poder vender big-macs y cadillacs a los
sobrevivientes.»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;El zapatero o el
carpintero se enorgullecían de su arte. Y hasta no hace mucho los trabajadores
de los astilleros se emocionaban al ver zarpar el barco que habían construido.
Esta sensación de ser útil a la comunidad ya no existe en el 95% de los
trabajos. El sector «servicios» sólo emplea peones intercambiables atados a sus
ordenadores, que no tienen ninguna razón para sentirse orgullosos. El sector
«perro guardián», con sus policías, guardas jurados y técnicos en sistemas de
alarma, es prácticamente el único que continúa creciendo, aunque su utilidad
social es bastante limitada: vigilar lo que, sin ellos, podría ser gratuito.
Inclusive un médico funciona cada vez más como representante/vendedor de las
grandes corporaciones de medicamentos, los laboratorios farmacéuticos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;¿Quién es el que, hoy en
día, puede decir que se siente útil a los demás? La cuestión ya no es: para qué
sirve esta cosa, sino: cuánto se puede ganar con ella. El único objetivo de la
producción es aumentar las ganancias de la empresa. En consecuencia, la única
relación del trabajador con su trabajo es su salario.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;El dinero es el
problema&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;El paro existe
justamente porque el dinero es la verdadera finalidad y no la utilidad social.
El pleno empleo es la crisis económica, el paro es la salud del mercado. ¿Qué
sucede cuando una empresa anuncia una oleada de despidos? Los accionistas
saltan de alegría, los especuladores de la Bolsa elogian su estrategia de saneamiento, las
acciones suben y el próximo balance dará cuenta de los beneficios así
obtenidos. De esta manera, se puede decir que los parados crean más ganancias
que sus ex colegas. Sería lógico, pues, recompensarlos por su contribución sin
igual al crecimiento. Por el contrario, el parado no recibe ni un pimiento de
esta riqueza que creó. El Parado Feliz quiere ser retribuido por su no-trabajo.
&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Podemos referirnos aquí
a Kasimir Malévich, el valiente creador de «Cuadrado negro sobre fondo blanco».
En 1921, escribió en un libro que no fue publicado en Rusia hasta hace dos
años, &lt;i&gt;La pereza, verdadero fin de la humanidad&lt;/i&gt;:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«El dinero no es otra
cosa que un pequeño fragmento de pereza. Cuanto más se tiene, tanto más se
puede disfrutar de las delicias de ésta (...) El capitalismo organiza el
trabajo de tal modo que el acceso a la pereza no es el mismo para todos. Sólo
puede disfrutarla aquel que posee el capital. Así, la clase de los capitalistas
se liberó de este trabajo del cual ahora toda la humanidad tiene que
liberarse.»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Si el parado es infeliz,
no es porque no tenga trabajo, sino porque no tiene dinero. De esta forma, ya
no deberíamos hablar de «búsqueda de empleo», sino de «búsqueda de dinero», ni
de «búsqueda activa de empleo», sino de «búsqueda activa de dinero». Las cosas
serán entonces más claras. Como veremos a continuación, el Parado Feliz
pretende llenar esta carencia con la búsqueda de recursos oscuros. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Calculad cuánto dinero
destinan oficialmente «al paro» los contribuyentes y las empresas, y divididlo
por el número de parados: entonces veríamos que el total representa mucho más
que nuestros respectivos cheques mensuales. ¿No es verdad? Este dinero no es
invertido principalmente para el bienestar de los parados, sino para su
minucioso control mediante convocatorias sin objeto, supuestos programas de
formación-inserción-perfeccionamiento que vienen de no se sabe dónde y que no
llevan a ninguna parte, y seudo-trabajos por seudo-salarios, simplemente con el
fin de bajar de manera artificial la tasa de paro. Simplemente, pues, para
mantener la apariencia de una quimera económica. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Nuestra primera
propuesta es aplicable de inmediato: poner fin a todas las medidas de control
contra los parados, cerrar todas las oficinas de control policial, de
estadísticas y de propaganda (ésta sería nuestra contribución a la reducción de
los gastos públicos), y distribución automática e incondicional de los
subsidios engrosados a partir de las sumas ahorradas de este modo. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;El nuevo delirio
conservador reprocha a los parados regodearse en la asistencia, vivir a costa
del Estado, y patatín y patatán. Vale, pero como sabemos muy bien, el Estado
todavía existe y además cobra impuestos. Por eso no vemos ninguna razón por la
cual deberíamos renunciar a su apoyo. Pero no estamos obsesionados con el
Estado. No tenemos ningún inconveniente en que la financiación provenga del
sector privado, sea bajo la forma del &lt;i&gt;sponsoring&lt;/i&gt;, de la adopción, de un
impuesto sobre las ganancias del capital, o aun del chantaje. No tenemos
ninguna preferencia. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Si el parado es también
infeliz, es porque el trabajo es el único valor social que conoce. Ya que no
teniendo nada que hacer, se odia a sí mismo. Ya no tiene contactos, porque el
trabajo es con frecuencia la única posibilidad de relacionarse. Lo mismo vale
para los jubilados. Pero la causa de esta miseria existencial es el trabajo y
no el paro en sí mismo. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Incluso cuando no haga
nada en especial, el Parado Feliz crea nuevos valores sociales. Entabla
relaciones con un montón de personas simpáticas. Incluso se declara dispuesto a
impartir cursos de resocialización para trabajadores despedidos. Ello es así
porque todos los parados disponen de una cosa que no tiene ningún precio:
tiempo. A esto lo podríamos llamar una suerte histórica: la posibilidad de
vivir una vida plena de sentido, de alegría y de razón. Se puede definir
nuestro objetivo como una reconquista del tiempo. Somos entonces de todo menos
inactivos, mientras que a la «población activa» lo único que le queda es
obedecer pasivamente los designios y las órdenes de sus superiores jerárquicos.
Y es porque somos activos por lo que no tenemos tiempo para trabajar. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Jacques Mesrine [una vez
enemigo público número uno del Estado francés y autor del libro &lt;i&gt;Instinct de
mort&lt;/i&gt;, «Instinto de muerte»&lt;b&gt;/*&lt;/b&gt;] tomó cierto día esta decisión:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«Yo no quería que mi
vida estuviese reglamentada de antemano o decidida por otros. Si a las seis de
la mañana tenía ganas de hacer el amor, quería tener el tiempo de hacerlo sin
mirar el reloj. Quería vivir sin horarios, porque con la medida del tiempo
llegó la primera presión sobre la vida de los seres humanos. Las frases más
frecuentes de la vida cotidiana resonaban en mi mente: 'No tengo tiempo
para...', 'llegar a tiempo', 'ganar tiempo', 'perder el tiempo'. Pero yo quería
'tener tiempo para vivir', y la única posibilidad de lograrlo era no
convirtiéndome en esclavo del tiempo. Sabía cuán irracional era mi teoría y que
con ella no se podía fundar una sociedad. Pero ¿qué tipo de sociedad es ésta,
con sus bellos principios y sus leyes?»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;El cementerio de la
moral&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Se nos ha dicho que el
Parado Feliz es un desocupado sólo en el sentido que hoy día el uso común da a
la palabra «trabajo», que es, en definitiva, el trabajo asalariado. Ante esto
tenemos que responder expresamente que si el Parado Feliz no busca trabajo
asalariado, tampoco busca trabajo como esclavo. Y sólo hay, que se sepa, dos
tipos de trabajo: el trabajo esclavo y el trabajo asalariado. Por cierto,
existen también estudiantes, artistas y otros que no pueden escribir dos líneas
o dar una pincelada sin presumir de que están haciendo un «trabajo» importante.
Inclusive los llamados autónomos&lt;b&gt;/**&lt;/b&gt; son incapaces de organizar un
«seminario» anticapitalista sin llegar a «debates productivos» en grupos de
«trabajo». Palabras miserables para pensamientos miserables. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;No es de hoy que
«trabajo» es una palabra cargada de desdicha. «Arbeit» [trabajo, en alemán] es
una palabra originada probablemente en un término germano desaparecido que
significaba «ser huérfano, ser un niño utilizado para una tarea corporal
pesada», término él mismo proveniente del indoeuropeo «orbhos», huérfano. Hasta
el alemán moderno, «arbeit» significaba «pena, tormento, actividad indigna» (en
este sentido, pues, Parado Feliz es un pleonasmo). En las lenguas de origen
latino, la cosa está todavía más clara, puesto que «trabajo», «travail», etc.,
vienen del latín «tripalium», un instrumento de tortura con tres pies que se
aplicaba a los esclavos. Fue Lutero el primero que usó la palabra «Arbeit» como
valor espiritual, predestinación del hombre en el mundo. He aquí la cita:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«El hombre nació para
trabajar como el pájaro para volar.»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Se nos podría responder
que este asunto de las palabras no tiene ninguna importancia. Pero el hecho de
confundir «bebida» con «Coca-Cola», «cultura» con «Madonna» o, incluso,
«actividad» con «trabajo», no dejaría de tener graves consecuencias. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Tan pronto como
empezamos a usar la palabra «trabajo» o la frase «sin trabajo», nos enfrentamos
a categorías morales. Este es cada vez más el caso. Basta abrir un periódico
para darnos cuenta de esto:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«Según un experto social
de Washington, ha habido un cambio en el equilibrio de poder entre dos
diferentes filosofías, y ahora la escuela dominante de pensamiento considera
que la pobreza es consecuencia de un defecto moral antes que de causas
económicas.»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Como en los tiempos en
que los curas veían su monopolio sobre las almas en peligro, la moral
representa aquí el intento de llenar el abismo creciente entre la realidad y su
imagen ideológica. Quien dice al parado: «Has pecado», espera de éste, o bien
que haga penitencia, o bien que justifique su virtud. En los dos casos, habrá
reconocido la existencia del pecado. Los intentos gimoteantes de algunos
parados de provocar la piedad de este mundo no pueden tener otro resultado, en
el mejor de los casos, que provocar la piedad. Sólo la risa sublime puede
desconcertar en serio a la moral. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Está claro que Paul
Lafargue&lt;b&gt;/***&lt;/b&gt;, el autor de &lt;i&gt;El derecho a la pereza&lt;/i&gt;, es uno de los
inspiradores históricos de los Parados Felices:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«Los economistas no se
cansan de repetir a los obreros: ¡trabajad, para aumentar la riqueza nacional!
Y sin embargo, fue uno de éstos, Desttut de Tracy, quien dijo: 'Las naciones
pobres son aquellas en las que el pueblo vive feliz; en las naciones ricas el
pueblo es normalmente pobre. Pero, ensordecidos e idiotizados por sus propios
bramidos, los economistas continúan diciendo: ¡Trabajad, trabajad siempre para
crear vuestro bienestar! (...) Trabajad para que, siendo cada vez más pobres,
tengáis más razones para trabajar y para ser pobres'.»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Sin embargo, no hacemos
nuestra la reivindicación de un derecho a la pereza. La pereza no es más que lo
contrario de la diligencia. Allí donde no es reconocido el trabajo, tampoco la
pereza lo es. No hay vicio sin virtud (y viceversa). Más allá de la época de
Lafargue, está claro que el llamado «tiempo libre» concedido a los trabajadores
es generalmente más aburrido aún que el trabajo mismo. ¿Quién querría vivir con
la televisión, los juegos inter-pasivos y los viajes organizados por el club
tal o cual? La cuestión no es pues simplemente, como aún podía creerlo
Lafargue, reducir el tiempo de trabajo para aumentar el «tiempo libre». Dicho
esto, nos solidarizamos plenamente con los trabajadores españoles, a los que se
les ha querido prohibir la siesta con el pretexto de que había que adaptarse al
mercado europeo, y que respondieron que, al contrario, era la Unión Europea la que
tenía que adaptarse a «la
 Euro-Siesta». &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Que quede claro: el
Parado Feliz no apoya a los partidarios de la reducción del horario de trabajo,
para quienes todo iría mejor si cada uno trabajara cinco, tres o dos horas por
día. ¿Qué clase de desatino es éste? ¿Mirar el reloj mientras preparo un
almuerzo para los amigos? ¿Acaso estoy pendiente del tiempo mientras escribo
este maldito texto? ¿Calculamos el tiempo cuando hacemos el amor?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Pero el Parado Feliz no
representa sin embargo una nueva utopía. Utopía quiere decir: «lugar que no
existe». El utopista diseña al milímetro los planos de una construcción
supuestamente ideal y espera que el mundo se acople a ellos. El Parado Feliz
sería más bien un «topista»: arma y experimenta a partir de lugares y objetos
que están al alcance de la mano. No elabora ningún sistema, sino que investiga
todas las ocasiones y posibilidades para mejorar su entorno. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Un honrado corresponsal
nos escribe:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«¿El Parado Feliz
procura obtener el reconocimiento social a través de la financiación sin
condiciones que lo acompaña, o bien busca subvertir el sistema mediante
acciones ilegales como, por ejemplo, manipular los contadores de luz? La
relación entre estas dos estrategias no parece verdaderamente lógica.
Difícilmente puedo exigir aceptación social y al mismo tiempo promover la
ilegalidad.»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Bien. El Parado Feliz no
es un fanático de la ilegalidad. Es tal su afán de hacer el Bien que incluso
está dispuesto a hacerlo a través de medios legales. Además, los delitos de
ayer son los derechos de hoy (piénsese por ejemplo en el derecho de huelga), y
siempre pueden volver a ser delitos. Pero sobre todo buscamos el reconocimiento
social. No nos dirigimos ni al Estado ni a los organismos oficiales, sino a
todo el mundo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Ya estamos escuchando
aquí al coro de los teóricos de la lucha de clases:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«Todo esto no es más que
una válvula de seguridad para el sistema, por la cual las capas proletarias sin
trabajo ocupan un lugar ilusorio a fin de utilizar las funciones vitales que
les quedan para atenuar las contradicciones del capitalismo. Los Parados
Felices se divierten, y mientras tanto la burguesía extrae la plusvalía sin
encontrar resistencia. ¡Traición! ¡Traición!»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Cada paso concreto, e
incluso el simple hecho de respirar, puede ser denigrado como un intento de
adaptación a este mundo (y de la posibilidad de respirar es de lo que aquí se
trata). La crítica social más acerba no puede ser de gran ayuda mientras su
conclusión práctica se limite a un &lt;i&gt;wait and see&lt;/i&gt; [esperar y ver].&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Sabemos bien que nuestro
intento puede fracasar por diversos motivos. Por ejemplo, puede transformarse
en un juego, en una broma sin consecuencias. La idea original podría ser
también enterrada bajo toneladas de seriedad acartonada. También podría suceder
que un grupo de Parados Felices tuviese tanto éxito que se hiciera famoso y se
transformara en Hombres de Negocios Felices, sin ningún vínculo ya con su medio
de origen. Son riesgos, pero no una fatalidad. Hemos dado el puntapié inicial:
no depende más que de nosotros que el balón llegue a su meta. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;De la ventaja de ser
excluido&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Existen hoy diversos
movimientos e iniciativas contra las medidas de austeridad, contra el paro,
contra el neoliberalismo, etc. Pero la cuestión es: ¿a favor de qué debemos
pronunciarnos? En cualquier caso, no por el Estado-Providencia y el pleno
empleo, que de todas maneras tienen tantas posibilidades de ser reintroducidos
como la locomotora de vapor. Pero lo que nos espera bien podría ser mucho peor.
No es inimaginable que se les conceda a los parados la posibilidad de cultivar
sus legumbres y de improvisar sus relaciones sociales en los terrenos baldíos y
los depósitos de materias fecales de la posmodernidad, vigilados a distancia
por la policía electrónica y entregados a cualquier mafia, mientras que la
minoría acomodada seguiría funcionando sin problemas. Los Parados Felices
buscan una salida para escapar a esta terrorífica alternativa. Es una cuestión
de principios. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Otra palabra contaminada
por la propaganda es la de «exclusión». Los parados estarían excluidos de la
sociedad, y las almas buenas abogarían por su reintegración. ¿Excluidos de qué,
exactamente? Un humanista de la
 UNESCO dio la inequívoca respuesta durante la «cumbre social»
de Copenhague:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«El primer paso para la
integración consiste en dejarse explotar.»&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;¡Gracias por la
invitación!&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Hace tres siglos, los
pordioseros alzaban la vista con envidia hacia el castillo del señor; con
razón, se sentían excluidos de sus riquezas, de sus nobles placeres, de sus
artistas de corte y de sus cortesanas. Pero hoy en día, ¿quién querría vivir
como un ejecutivo estresado, quién tendría ganas de devanarse el cerebro con
sus montones de cifras sin sentido, de besar a sus rubias secretarias, de beber
su Burdeos adulterado, de reventar de su infarto? De buena gana nos excluimos
de la abstracción dominante; es otra la clase de integración que buscamos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;En los países pobres,
millones de personas viven al margen de los circuitos de la economía de
mercado. Todos los días, los periódicos informan sobre la miseria del llamado
«tercer mundo», una serie deprimente de guerras, dictaduras y epidemias. Sin
embargo, no hay que perder de vista que, al lado de esta miseria (esencialmente
importada), existe otra realidad: una vida social intensa, apoyada en tradiciones
y costumbres precapitalistas, comparadas con las cuales las sociedades ricas
parecen moribundas. En estos países, el trabajo del hombre blanco es
despreciado «porque no se termina nunca», a diferencia, por ejemplo, de esos
artesanos somalíes que gastan las ganancias de su actividad de golpe, en una
gran fiesta anual. Se trata de una fórmula conocida: la aptitud de estas
personas para la fiesta es inversamente proporcional al Producto Nacional Bruto
&lt;i&gt;per capita&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«Lo informal ha
demostrado que la solidaridad es una forma auténtica de riqueza. Poner la
pobreza en común con la esperanza de obtener la abundancia no es irrealista
(...) Los pobres son mucho más ricos de lo que se dice y de lo que ellos mismos
creen. La increíble alegría de vivir que sorprende a muchos observadores de los
suburbios africanos es menos engañosa que las deprimentes evaluaciones
objetivas de los aparatos estadísticos que no incluyen más que la versión
occidental de la riqueza y la pobreza.» (Serge Latouche, &lt;i&gt;La planete des naufragés&lt;/i&gt;
–El planeta de los náufragos).&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Por supuesto, existe
para el europeo el peligro de caer en un exotismo fácil. Sin embargo, basta con
escuchar lo que dicen los inmigrantes mismos acerca de esta cuestión, ellos que
conocen de primera mano los dos mundos, para convencerse de la ventaja que
tiene el Sur pobre en materia de relaciones sociales. Oigamos al egipcio Albert
Cossery:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;«Tenía en ese momento el
aspecto de quien carga con toda las penas de este mundo. Pero no era más que un
estado que él se imponía cada tanto para creer en su dignidad. Porque El Kordi
creía que la dignidad sólo era el patrimonio de la desdicha y la desesperación.
Habían sido sus lecturas occidentales las que habían turbado su espíritu de tal
modo.» (&lt;i&gt;Mendiants et orgueilleux&lt;/i&gt; –Los mendigos y los orgullosos)&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Los Parados Felices
tienen mucho que aprender y desaprender del África y de otras culturas
no-occidentales. Evidentemente, no se trata de imitar estas prácticas
ancestrales, como los &lt;i&gt;hippies&lt;/i&gt; de ayer, pero sí, sin pretender copiar el
original, de encontrar ahí una refrescante fuente de inspiración, un poco a la
manera en que Picasso y los dadaístas se inspiraron en su tiempo en el arte
negro. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Daremos aquí un solo
ejemplo. Hace algunos años, los sociólogos se interesaron por el modo de vida
de los habitantes del Grand Yoff, uno de los arrabales más desheredados de
Dakar. Comprobaron que los ingresos de una familia media de doce personas eran
siete veces superiores a sus recursos oficiales. No es que esta gente haya
encontrado la fórmula milagrosa para multiplicar los billetes de banco, sino
que saben aumentar la eficacia de sus precarias finanzas organizando una
circulación intensiva. Es imposible vivir en África sin pertenecer a una etnia,
un clan, una familia extensa o un círculo de amigos. En el interior de cada una
de estas redes, el dinero circula metódicamente mediante un sistema preciso,
elaborado e imperativo de regalos, donativos, préstamos, reembolsos,
inversiones y participación en distintas tontinas&lt;b&gt;/**** &lt;/b&gt;El hecho de que
todas estas posibilidades se acumulen en el seno de cada familia permite que
éstas tengan acceso en cualquier momento a una suma de dinero sin relación con
sus recursos oficiales. Pero incluso estos flujos monetarios no son más que un
aspecto de la «economía de reciprocidad», la cual consiste en intercambios de
servicios de reparación, mantenimiento e instalación, fabricación de zapatos y
ropa, elaboración colectiva de comidas, trabajos en metal y madera, servicios
de salud y educación, sin olvidar la organización de fiestas que mantienen la
cohesión del grupo, aspectos todos éstos en los que el dinero no juega ningún
papel. He aquí la razón por la cual es imposible medir el «nivel de vida» de
estas poblaciones con los criterios e instrumentos de Occidente. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Imaginemos por un
instante que este sistema se adopta aquí: un beneficiario del seguro de paro
dispondría entonces de una cifra mensual siete veces superior, lo que
ciertamente no resolvería todos los problemas, pero al menos serviría, entre
otras cosas, para echarle chorizo a las judías blancas. Sin contar todas las
cosas de las que se podría beneficiar y que el dinero no puede comprar. El
problema clásico, cuánto dinero me hace falta para vivir bien, está mal
planteado. Quien vive completamente solo, en un limbo asocial, jamás tendrá
dinero suficiente para colmar su miseria existencial. Entre nosotros, los
beneficiarios del seguro de desempleo tienen seguramente la gran desventaja de
no poder apoyarse en ningún clan, en ninguna costumbre preexistente. Tenemos que
partir de cero. Pero al mismo tiempo gozamos de una ventaja: que nuestras
condiciones de vida no son (todavía) tan dramáticas y tan graves como en
África.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Ante los Parados Felices
se abre aquí un vasto campo de experimentación, lo que llamamos «la búsqueda de
recursos oscuros».&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Como ahora lo habréis
quizá comprendido, nuestro ocio es ambicioso, teórico y práctico, serio y
lúdico, local e internacional (¡sólo en Europa, ya hay más de 20 millones de
Parados Felices virtuales!) Un día podréis decir con orgullo: yo estuve ahí
desde el principio. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:Garamond"&gt;Berlín, 1996&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;NOTAS&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;* Jacques Mesrine, nacido en Clichy, Francia,
en 1936, asaltó bancos y otras sedes del Gran Dinero, y fue protagonista de
fugas legendarias. La policía francesa lo abatió de 21 disparos en Port de
Clignancourt, París, el 2 de noviembre de 1979 (N. del T. esp.).&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;** Militantes radicales alemanes (N. del T.
port.). &lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;*** Paul Lafargue, 1841-1911, yerno de Marx,
casado con su hija Laura. Ambos se suicidaron juntos. (N. del T. esp.)&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;**** Tontina: de Lorenzo &lt;i&gt;Tonti&lt;/i&gt;,
banquero italiano del siglo XVII, inventor de esta clase de operaciones.
Consiste en poner un fondo varias personas para repartirlo en un momento dado,
con sus intereses, entre los asociados que han sobrevivido y que siguen
perteneciendo a la agrupación (N. del T. esp.).&lt;/span&gt;

&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:14pt"&gt;Fuente &lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Courier New'"&gt;Pimienta &lt;span style="color:red"&gt;negra&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:14pt;color:red"&gt;&lt;/span&gt;

&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-598510411960762317&amp;page=RSS%3a+Manifiesto+Los+Parados+Felices&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=pachin11.spaces.live.com&amp;amp;GT1=pachin11"&gt;</description><comments>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3481.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3481.entry</guid><pubDate>Tue, 01 Jul 2008 18:43:02 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://pachin11.spaces.live.com/blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3481/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3481.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2008-07-01T18:43:02Z</dcterms:modified></item><item><title>Petróleo OSVALDO SORIANO</title><link>http://pachin11.spaces.live.com/Blog/cns!F7B1A9F38CB4C033!3477.entry</link><description> 

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:center;text-indent:42.55pt" align=center&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14pt;font-family:'Book Antiqua'" lang=ES-AR&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt; &lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Las
cosas han cambiado tanto que seguramente a mi padre le gustará seguir tan
muerto como está. Debe estar pitando un rubio sin filtro, escondido entre unos
arbustos como lo veo todavía. Estamos en un camino de arena, en el desierto de
Neuquén, y vamos hacia Plaza Huincul a ver los pozos de YPF. Salimos temprano,
por primera vez juntos y a solas, cada uno en su moto. El va adelante en una
Bosch flamante, y yo lo sigo en una ruidosa Tehuelche de industria nacional. Es
el otoño del 62 y está despidiéndose para siempre de la Patagonia.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Book Antiqua'" lang=ES-AR&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Mi
viejo va a cumplir cincuenta años y se ha empe­ñado hasta la cabeza para
comprarse algo que le permita moverse por sus propios medios. Los últimos pesos
me los ha prestado a mí para completar el anticipo de la Tehuelche que hace un
barullo de infierno y derrapa en las huellas de los camiones. No hay nada en el
horizonte, como no sean las nubes tontas que resbalan en el cielo. Algunos
arbustos secos y altos como escobas, entre los que mi padre se detiene cada
tanto a orinar porque ya tiene males de vejiga y esa tos de fumador. Anda de
buen carácter porque el joven Frondizi anunció hace tiempo que &amp;quot;hemos
ganado la batalla del petróleo&amp;quot;. Quiere ver con sus propios ojos, tal vez porque
intuye que no volverá nunca más a esas tierras baldías a las que les ha puesto
agua corriente y retratos de San Martín en todas las paredes. Un soñador, mi
viejo: acelera con el pucho en los labios y la gorra encasquetada hasta las
orejas mientras me hace seña de que lo alcance y le pase una botella de agua.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Book Antiqua'" lang=ES-AR&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;La Tehuelche&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt; brama, se retuerce en
los huellones, y la arena se me cuela por detrás de los anteojos negros. Por un
momento vamos codo a codo, dos puntos solita­rios perdidos entre las bardas, y
le alcanzo la botella envuelta en una arpillera mojada. En el tablero de la
motoneta lleva pegada una figurita de Marlene Dietrich que tanto lo habrá hecho
suspirar de joven. Yo he pegado en mi tanque de nafta una desvaída mirada de
James Dean y la calcomanía del lejano San Lorenzo que sólo conozco por la
radio. Justamente: ese diminuto transistor japonés que recién aparece a los
ojos del mundo es la más preciada joya que arriesgamos en el desierto. La voz
de Alfredo Aróstegui y los radioteatros de Laura Hidalgo nos acompañan bajo un
sol que hace brotar esperpentos y alucinaciones donde sólo hay viento y lagunas
de petróleo perdido.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Book Antiqua'" lang=ES-AR&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Mi
padre pilotea que es un desastre. Zigzaguea por la banquina mientras inclina la
botella y se prende al gollete. Merodea el abismo de metro y medio al borde del
sendero. Le grito que se aparte mientras me saluda agitando la botella y se
desbarranca alegremente por un despeñadero de cardos y flores rastreras. En la
rodada pierde el pucho, las provisiones que cargamos en Zapala y hasta la figurita
de Marlene Dietrich que me ha robado del álbum. Freno y vuelvo a buscarlo. A lo
lejos diviso las primeras torres de YPF, que para mi padre son como suyas
porque todo fluye de esta tierra y Frondizi dice que por fin hemos ganado la
batalla del petróleo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Book Antiqua'" lang=ES-AR&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;La
motoneta está volcada con el motor en marcha y la rueda trasera gira en el
vacío. Mi viejo trata de ponerse de pie antes de que yo llegue, pero lo que más
se le ha herido es el orgullo. Se frota la pierna y putea por el siete abierto
en el único pantalón, a la altura de la rodilla. Dice que ha sido mi culpa, que
lo encerré justo en la subida, que por qué mierda me cruzo en su camino. Nunca
seré buen ingeniero, agrega, y apaga el motor para enderezar el manubrio y
recoger el equipaje.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Book Antiqua'" lang=ES-AR&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Lo
escucho sin contestar. Todavía hoy sigo subido a una barda, oyéndolo putear ahí
abajo, mientras mi hijo juega con la espuma de las olas y grita alborozado en
una playa de Mogotes. Somos muchos y uno solo, hasta donde me alcanza la
memoria. A cada generación tene­mos menos cosas que podamos sentir como
propias. Queda el hermetismo de mi padre en la mirada del chico que corre junto
al mar. A él le contaré esta tonta historia de pérdidas y caídas, la de mi
padre que rueda y la mía que no supe defender.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Book Antiqua'" lang=ES-AR&gt;&lt;/span&gt;

&lt;p style="background:white none repeat scroll 0%;text-align:justify;text-indent:42.55pt"&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Book Antiqua';color:black" lang=ES-TRAD&gt;Aquel
mediodía mi viejo se aleja rengueando para orinar entre los arbustos y se queda
un rato escondido para que no vea su rodilla lastimada. Levanto a Marlene
Dietrich que ha dejado un surco en la arena y vuelvo la mirada hacia la torre y
el péndulo. Parece un fantasma de luto recortado en la lejanía. Y el charco de
petróleo que ensucia las bardas, tan ajeno al mar donde ahora juega mi hijo. Mi
bisabuelo fue bandolero y asaltante de cami­nos en Valencia hasta que lo mató la Guardia Civil. Me
lo confiesa mi viejo al 